En el año 1979, fui por primera vez a
Europa, uno de mis mayores deseos en ese viaje, era conocer al gran
cinófilo, Giacomo Griziotti, estar con él y escucharlo. Yo sabía que
tenía mucho que aprender, porque realmente lo admiraba, era un grande de
verdad. Todos los cinófilos del mundo de aquella época hablaban
maravillas de su libre llamado “Perros Caza Pruebas”. Era tan importante
este libro que algunos lo llamaban la Biblia. Cuando llegué a la ciudad
de Pavia, donde él residía, me encontré con la sorpresa de que la calle
donde él vivía llevaba su nombre “Giacomo Griziotti”.
Giacomo, en el año 79 cumplía 84 años de
edad. Agradecido por mi visita y mi admiración hacia él, tuvo la
grandeza de regalarme su libro, el cual me dedicó como a un cinófilo
argentino que había viajado desde tan lejos para conocerlo. Cuando me
despide en la puerta de su casa, yo me alejo, y sentí que su mirada y su
sonrisa me acompañaros hasta llegar a la esquina. Después de 2 años
volví a verlo, era el año 81, fue la última vez que lo vi,
lamentablemente al poco tiempo dejó de existir, pero a todos nos dejó
sus importantes conocimientos.
Quiero que este artículo que presento en mi
página, escrito por él, llamado EL ESTILO, compartirlo con todos los
cinófilos y amigos cazadores. Dicho artículo lo extraje de su libro, el
cual tengo como guía. Creo que todos los amantes de los perros, lo
tendrían que conocer y respetar, porque el estilo es la raza, o sea que
representa a cada una de ellas, es su standard.
EDUARDO DI FONZO
El Estilo
El estilo está puesto reglamentariamente
como condición “sine qua non” pero no para la clasificación de un perro,
sin embargo a pesar de esto, reina aún soberano, el rendimiento; El Dios
punto y la Diosa muestra, como yo los defino.
En una oportunidad después de participar con mis animales, he seguido el
juzgamiento de una prueba para perros jóvenes sobre piezas naturales; Un
pointer trabaja solo, sin tener nada de trialer; Un honesto y modesto
perro de caza y nada más. El juez había decidido retirarlo y me confió
su impresión “ No hay paño, ahora mismo lo hago atar y se acabó”; apenas
terminaba la frase como si el perro lo hubiese hecho adrede, se puso en
muestra. El juez se acercó presuroso y súbitamente interesado en el
perro y entonces saltaron dos piezas: “primer Premio” fue la exclamación
del Juez.
¿No tengo razón cuando sostengo El Dios
punto y la Diosa Muestra?.
Un perro se adelanta a otro en puntaje
porque dio mayor rendimiento, entendamos, también el rendimiento tiene
importancia, sobre todo en caza práctica. En la clásica se debe cuidar
más la calidad de los puntos que su cantidad.
Es evidente que un animal circunspecto y más
detallista hara más puntos, mejor dicho, levantará más piezas que otros
menos detallistas, pero que clase de pieza. Iré hacia lo que pueda
parecer un absurdo, pero que en realidad no lo es. Voy a sostener que,
no solamente esta dicho que las muestras sirven para mandar adelante,
sino que pueden servir para mandar atrás también. Cuando el perro revele
o confirme insuficiencia de estilo o calidad.
Se puede todavía admitir que el rendimiento,
siempre que sea acompañado de un mínimo de estilo, puede influir en la
graduación, pero en cambio no me explico en absoluto porque el
rendimiento puede ser tomado como base para las asignaciones de los
C.A.C (Nacionales o Internacionales) y sobre todo de las calificaciones
que a la inversa, fueron creadas adrede para la evaluación del perro,
inspirada en los criterios puramente clásicos, por ende de estilo,
independientemente del rendimiento.
El C.A.C. es el ejemplo típico. El Campeón
es aquel perro que más se acerca al típico perfecto de su raza y por lo
tanto, debe poseer aquella suma de medios y estilo que le son peculiares
en la raza misma, y aquí cabe un interrogante.
¿El C.A.C. se debe otorgar a un perro porque
éste responde en un 100% a la característica de la raza o porque el 100%
de las cualidades para detectar tal o cuál pieza?... Yo me inclino por
la primera solución. La segunda puede valer, tal vez para la graduación,
pero nunca para las calificaciones y menos todavía para el C.A.C. el
cual debe ser la expresión máxima del más puro clasicismo.
La preocupación de diferenciar a los perros
con las clasificaciones no es lógica, más bien es pueril y contraria a
las razones que han incluido las calificaciones mismas.
Buena parte de los perros que compiten
pueden tener la misma calificación y esto es lógico, porque en general
en los certámenes concurren todos los mejores perros y está ya la
graduación que los diferencia de acuerdo al trabajo desarrollado en el
concurso mismo. Hoy uno se clasifica primero y mañana puede estar en el
quinto lugar, pero la calificación que constante para este perro y
también para otros más, porque, mientras la graduación se basa en las
cualidades intrínsicas del animal, independientemente del trabajo
cumplido.
Me he referido a las disposiciones emanadas
en materia del E.N.C.I., disposiciones verdaderamente providenciales
pero haciendo obligatorio el estilo, es necesario ajustarse a sus
reglamentaciones y a sus definiciones, y es que aquí llega lo difícil.
El E.N.C.I. podrá codificar en los tipos standards el modo de
comportarse de una determinada raza en relación a otra en la explicación
de su trabajo, pero el estilo es una más sutil que escapa a través de
las tramas de las reglamentaciones, igual que un polvillo impalpable que
cubre la parte superior de las alas de las mariposas. El estilo es algo
así como la música, que si no se escucha no hay definición que la haga
comprender. El reglamento podrá decir que el Pointer debe “scatar”, el
Setter “gatear”, el Braco “Filiar”, pero el estilo es algo más, casi
siempre integrativo, algunas veces también modificativo, posiblemente
contraste con las acciones antes esquemáticamente enumeradas.
Se habla de un estilo ene l juego de
football, en el cual cada jugador, por lo menos del mismo rol cumple la
misma función del compañero; se habla de estilo del corredor de
bicicleta, en donde la acción es mecánicamente uniforme porque es guiada
por el movimiento de una máquina, en donde el ciclista tiene las dos
manos colocadas sobre el manubrio y los dos pies atados a los pedales.
En tal posición hay poca libertad. ¿Entonces?... He dicho que el estilo
puede hallarse algunas veces en contraste con la manera de trabajar del
perro, especialmente cuando tiene que encontrarse con la inclinación (el
enganche. El estilo es algo inserto en los nervios y músculos del
animal, de manera que dos perros cumpliendo con la misma acción lo hará
en forma distinta y de acuerdo a sus temperamentos.
Podemos observar una entrada prepotente de
un Pointer y a la inversa un pique del Setter casi siempre a ras del
piso y no ejecutado con la vehemencia del Pointer, sino con aquella
blandura y aquella gracia que es característica del Setter.
Al contrario, un Pointer podrá “scatar” a
ras del suelo cuando se halla muy cerca de la pieza, pero lo hará con
aquella expresión de avidez toda suya que, ene l acto del “scato” a
veces, le hace batir los dientes como si mordiera algo. Expresión tal,
es la palabra que espontáneamente salió de la pluma que manejo.
Expresión he ahí el elemento que es directa reacción del sistema
nervioso del perro y de su temperamento, índice cierto de su raza.
Hay una tendencia que condena al Pointer que
muestra echado, reportaré lo que escribió Trebbi en una polémica con los
diarios, polémica a la cual había tenido origen en un primer premio
otorgado a un Pointer propiedad del abogado Voli, “Jak-Tar” que mostraba
echado a perdices liberadas de su encierro. Trebbi había pasado al
segundo lugar con “Radio” del Conde de Montebruno, pero con hidalguía y
deportivamente se expreso más o menos así:
“Miré fijo la cara del perro en muestra,
observé los semblantes de los jueces y concluí que el primer puesto a
“Jak-Tar” no se lo quitaba nadie.
¿Esto que quiere decir?. Que la expresión
que distingue al perro no la evidencia únicamente en la muestra, hay
bailarinas que expresan todas sus gracias con su entera perdona. Así es
el perro que revela la expresión de la raza, que vibra y difunde a todos
los miembros del animal en muestra o en movimiento. D´Annunzio decía en
su “Gioconda”, “La vida de la mirada amplia y difusa sobre todo el
cuerpo”.
Si se me permite, quisiera decir que el
perro en muestra, en el animal de mucha sangre y de gran expresión
sucede algo semejante.
De todo esto, resulta claramente que, si
bien los reglamentos profundizan en las particularidades, necesariamente
están librados a la discreción, al discernimiento y al sentido estético
del juez.
Se ha dicho y predicado, que el Juez debe
ser ante todo, cazador. Nada más justo, pero no es suficiente. El
cazador puro, como también el estilista, son peligrosos.
Estas dos personalidades deben ser
fusionadas juntas en perfecta armonía en el Juez de pruebas.
EL EXPOSITOR: Va a los concursos con
la perfecta convicción de vencer o más que vencer, con elementos
absolutamente faltos de estilo de raza y sobremanera, de temperamento y
de expresión. El juez en estos casos, por más inexorable que sea,
precisa ser cortés al demostrar al concursante las deficiencias y la
persuasión de los motivos por los cuales a sido descalificado, pero
inflexible en el juicio. Es inútil hacer alimentar ilusiones, se hacen
de enemigos, yo lo sé por experiencia, más si todos los jueces se
comportaran siempre así, llegaría el momento en el cual los
competidores antes citados vendrían a agradecerle el haberlos alertado a
tiempo.
Hablo así porque en más
de una ocasión he tenido el coraje de sacrificar perros de grandes
condiciones, pero dejaban mucho que desear en el estilo, si bien les
tenía mucho cariño por haberlos educado yo mismo. Precisamente porque
les conocía bien las cualidades y los defectos, he tenido el deber y lo
he cumplido, de quedar coherente con mis principios y clasificarlos de
acuerdo a su justo valor.